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La lengua y la democracia: una propuesta para la investigaci

Luz Eugenia Aguilar Gonz


Introducción
La educación y la comunicación son dos campos en convergencia. Su conceptualización y su utilización en trabajos empíricos han logrado que paulatinamente se constituya en un campo académico independiente de las disciplinas que le dieron origen. Cualquiera que sea la denominación que se emplee: educación/comunicación, educomunicación o comunicación educativa, su marco teórico ayuda a ubicar los problemas educativos en un marco social amplio. En él podemos identificar un macrodiscurso de las tecnologías aplicado a los procesos de enseñanza y un microdiscurso en donde se ubican los discursos educomunicacionales que sostienen la ideología de las instituciones y de los procesos educativos.

La preocupación por la construcción del campo de la comunicación/educación ha estado entre los académicos por un largo tiempo, lo que ha dado como fruto la elaboración de proyectos de investigación que ha impactado labores de intervención educativa, tanto en la escuela como en la comunidad. En algunos países, el campo académico y su influencia en la práctica son mayores que en otros. En México, su despegue ha sido lento y sólo unos cuantos investigadores, congresos o encuentros muestran preocupación por consolidar el campo.

La comunicación/educación ayuda a construir parámetros en los cuales se pueden realizar los acercamientos teóricos, empíricos y metodológicos, todos necesarios para conceptualizar distintas formas de alfabetización, tema de nuestro interés. La confluencia entre la comunicación/educación ayuda a identificar las agencias que diseñan las políticas comunicativas, sus fines, su filosofía, los beneficios de éstas, para así: “comprender mejor los criterios de identificación de las necesidades culturales y de estructuración de los programas de comunicación para el desarrollo con relación a las formas de poder simbólico y material que imperan en cada época y sociedad” . Dicho vínculo ayuda a pensar en estrategias para analizar la manera en que interviene la comunicación en los procesos educativos y a su vez, en comprender cómo la educación participa en la construcción de sociedades democráticas.

La reflexión que aquí se presenta utiliza la comunicación/educación para analizar la manera en que se está conceptualizando, teórica, metodológica y didácticamente la enseñanza de la lengua materna en México.

I.
En las sociedades modernas, el intercambio de productos simbólicos y la sofisticación de los lenguajes es una práctica y una característica cada vez más común. Ello trae a escena construcciones de mensajes más complejos. Por lo tanto, los sujetos se ven orillados a desarrollar nuevas capacidades y competencias para codificar y decodificar textos de diferente índole.

Bajo estos planteamientos, los procesos de enseñanza y de aprendizaje ya no pueden centrarse en la memorización o en el manejo de contenidos, sino que los sujetos se ven obligados a aprender a producir, procesar y seleccionar información de todo tipo: visual, audiovisual, alfabética, numérica. Las nuevas formas de comunicación demandan el manejo de diferentes códigos y el paso de uno a otro de manera rápida y eficiente. Pensemos en el caso del adolescente que chatea, navega por internet, escribe y escucha música al mismo tiempo. La manera en que este sujeto se interrelaciona con el conocimiento y con el procesamiento de la información, entre otras cosas, produce nuevas necesidades, por lo tanto, nuevas formas de aprender y de resolver problemas.

De esta manera debemos preguntarnos: ¿cuál es la organización más adecuada de los contenidos de la escuela, qué contenidos son los más apropiados y cómo deben enseñarse?
La respuesta que se ha encontrado es orientar el curriculum hacia el enfoque de competencias y, ubicar lo correspondiente al desarrollo de competencias comunicativas en el área de enseñanza de lengua materna –a pesar que las competencias comunicativas abarcarían otras áreas de conocimiento que, en ocasiones, ni siquiera están contempladas entre los contenidos de la educación básica-.

La enseñanza de la lengua en educación básica es aséptica y pragmática, es decir, se pretende alfabetizar a los alumnos, por medio del enfoque de competencias comunicativas. A los niños se les enseña a leer y a escribir; a comunicarse en situaciones comunicativas determinadas, se les enseñan análisis gramatical y algo de literatura. La alfabetización audiovisual, la utilización de la lengua como vehículo de pensamiento, para la argumentación y “para leer el mundo” como diría Freire, lo cual acercaría a la enseñanza de la lengua a una dimensión social, está ausente.

Los programas de educación básica de México, a pesar de denotar un esfuerzo notable por desarrollar competencias comunicativas útiles para el desenvolvimiento de los sujetos en sociedad, siguen considerando a la enseñanza de la lengua materna como un contenido curricular más, olvidándose de la importancia de la lengua para forjar nuevas estructuras conceptuales que repercuten directamente en formas de convivencia, por ejemplo, frases incluyentes o excluyentes por medio de expresiones denominadas ahora como “políticamente correctas”, que sin caer en el exceso, sí contribuyen en el esfuerzo por modificar estructuras de pensamiento.

La clase de lengua debe, por tanto, dejar de ser sólo contenido para transformarse en una herramienta que cruce diferentes espacios y contenidos curriculares. Los temas transversales –valores, democracia, multiculturalidad, etc.- no deben ser considerados como “temas de discusión” sino que se puede ir más allá, son contenidos que pueden ser llevados a la práctica para lograr su asimilación y la acción social. Y la lengua está en ello.

II.
En México, después del año 2000, cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió el poder, después de haberlo mantenido por 75 años, comienza una nueva etapa: la construcción de la democracia -la cual, dicho sea de paso, se está cuestionando fuertemente después de las elecciones del 2006-. Como sea, la construcción de la democracia debe entenderse no sólo como la transición del poder, el sufragio universal, el derecho a la información y a la asociación, sino que a esto debe agregarse el acceso a la información de los ciudadanos, el tener oportunidad de comprender y de construir mensajes, actividades que pueden ser realizadas en la participación dentro de organizaciones sociales o no gubernamentales. Nada más lejano en nuestro país. En el discurso oficial, sí podemos encontrar esta preocupación, pero en la práctica, a los niños en educación básica no se les están desarrollando estas competencias, de hecho, ni siquiera se está incorporando la alfabetización audiovisual dentro del aula, la cual le permitiría el análisis y procesamiento de mensajes. Con ello, las políticas educativas en mi país están condenado a sus futuros ciudadanos a una doble marginación: la imposibilidad de acceder a la información –por no contar con la tecnología para ello-, y la imposibilidad de producir e interpretar mensajes transmitidos por diferentes medios.

Desde estos planteamientos es que se detecta la necesidad de reconocer que los procesos comunicativos cada vez con mayor fuerza, deben enmarcarse dentro de los procesos educativos, y no solamente para la elaboración o la interpretación de mensajes, sino para que los procesos educativos tengan trascendencia social.

Éste es el motivo por el cual se propone un modelo de enseñanza que desarrolle equilibradamente:
a) Los procedimientos y habilidades de análisis e interpretación de los mensajes y de la información emitida por diferentes medios de comunicación. Actualmente, el curriculum oficial enseña a los niños a reconocer la estructura de diferentes textos y su incipiente producción, pero poco se detiene en el análisis de ideas, de contenidos, o cómo buscar información y cruzarla con la obtenida en diferentes medios. La consigna: “investiguen tal tema…” sólo los lleva a comprar estampas ilustradas en donde se encuentra la información, pero rara vez se les enseña a analizarla o a buscarla pertinentemente.

b) Los procedimientos y habilidades para expresar y comunicar ideas y valores a través de las formas simbólicas y tecnológicas de distintos medios. Las formas de expresión por excelencia en la escuela son la oral y la escrita, y para el alumno, principalmente, la escrita, y, según los resultados de exámenes nacionales en el área, los niños aprenden poco. La inclusión de nuevos lenguajes y tecnologías en el aula es un tema pendiente. No sólo porque la pobreza del país no lo permite en algunas zonas, sino también porque los profesores no están preparados para hacerlo, incluso, niegan ver la televisión, “porque es nociva”, mucho menos pueden pensar al medio como un vehículo para el aprendizaje y el desarrollo de pensamiento crítico. No se hable de otros medios. De ahí la importancia de comenzar por sensibilizar a los profesores en este rubro.

c) La enseñanza de los lenguajes de los medios de comunicación y de la información. El gran ganador de las pasadas elecciones en México, fueron los medios de comunicación. La guerra mediática –radio, televisión e internet, hizo que la preferencia de los votantes cambiara en unos pocos meses: de ir a la punta el candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Andrés Manuel López Obrador, se voltearon las preferencias hacia el candidato del Partido Acción Nacional (PAN), Felipe Calderón. El manejo maniqueo del discurso, apelando los sentimientos y miedos de los votantes era claro en los spots y en las entrevistas realizadas a los candidatos. Sin embargo, la capacidad de análisis de la ciudadanía dejó mucho que desear. Estoy consciente que la escuela, como un aparato del Estado, muy probablemente no considere la importancia de enseñar el lenguaje de los medios, ya que puede contribuir a formar ciudadanos más conscientes, pero es aquí en donde el papel de los investigadores, en conjunto con las asociaciones de padres de familia y otras organizaciones, podrían exigir a la escuela la incorporación de la enseñanza de lenguajes.

d) La enseñanza de la utilización de algunas tecnologías mediáticas. A forma de talleres, la utilización de cámaras, de computadoras, y de otros medios puede contribuir en cambiar la forma en que los niños ven la realidad, ya que se convertirán de receptores en productores de medios, en su nivel, y con sus posibilidades.

Bajo esta perspectiva, se propone analizar la forma en que se está realizando, o se podría realizar, la educación mediática y de la información en la educación básica en México. Es necesario efectuar un diagnóstico para partir de las condiciones reales de cada una de las escuelas y de sus miembros. Una parte del curriculum tendría que ser flexible, para incorporar nuevos temas y desarrollo de habilidades y competencias. Esta acción posibilita la democracia en la toma de decisiones para la construcción de un curriculum incluyente.

Con ello, la escuela colaboraría en la construcción de la identidad personal y en la adquisición de conocimientos compartidos entre alumnos y maestros. La comunicación/educación serviría como marco para diseñar proyectos de intervención en la institución escolar, tanto en la dimensión curricular como en la de la gestión académica.

III.
Los conceptos y actividades mencionados anteriormente, nos llevan a concluir en la importancia del desarrollo de la competencia mediática y de la información como uno de los elementos necesarios para el desarrollo de la democracia. Este trabajo implica:
1. Desarrollar metodología participativa en el aula.
2. El desarrollo de la personalidad, del espíritu crítico y de la formación de valores en los actores educativos.
3. Actuación de los sujetos sobre el entorno social, lo que implica un vínculo con la comunidad y no sólo con el conocimiento.
4. Creación de hábitos de lectura (alfabetización y alfabetización audiovisual) y fomento de la cultura comunicativa.
5. Análisis y valoración de la función de los medios de comunicación y de la información.

La oportunidad de realizar algunos de estos aspectos en la escuela (bajo diagnósticos específicos) le darán a los sujetos la posibilidad de aprender a participar activamente en la sociedad, desarrollándose formas de comunicación horizontales (tanto entre los actores educativos como entre los miembros de la comunidad, y entre los contenidos del curriculum). Se trata de eliminar la “democracia ateniense”, en el sentido que Castells le da, en la cual sólo unos tienen acceso a la tecnología mientras las masas están alejadas de ella. Tal vez la escuela no está en posibilidades de acercar los medios electrónicos a los sujetos, pero sí puede ayudarlos a que entiendan sus lógicas de producción y difusión para que participen en ellos de forma incluyente y democrática.

Esta perspectiva nos orilla a pensar en el problema del “acceso y la democracia participativa” .
Se tienen que eliminar contradicciones como la omisión del desarrollo de nuevas alfabetizaciones en la escuela, hasta la insistencia en la incorporación de tecnologías en el aula como apoyo pedagógico, sin contar con las bases materiales y epistemológicas para su correcto uso.

La discusión debe partir de los colectivos de trabajo y no de decretos. Los lenguajes actualmente son una de las bases de la democracia por lo que hay que incorporarlos a la discusión académica dentro de las instituciones educativas.

Notas:

Francisco Sierra Caballero, Políticas de comunicación y educación. Crítica y desarrollo de la sociedad del conocimiento. Barcelona, Gedisa, 2006. p. 17.

Manuel Castells, la era de la información. Economía, sociedad y cultura. El poder de la identidad. Vol. II, Siglo XXI, México, 2004.
Francisco Sierra Caballero, op. cit. p. 35.

* Doctora en Educación con especialidad en Comunicación educativa en la Universidad de Guadalajara, México. Docente e investigadora del Departamento de Letras en la misma Universidad y docente en el Instituto de Investigación y Docencia para el Magisterio de la Secretaría de Educación Jalisco. La línea de investigación que cultiva es la enseñanza de lengua materna por medio del desarrollo de competencias comunicativas.



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