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Gente entintada y Red de emisoras comunitarias del pac

Omar Gerardo Mart


A finales de la década de los 80s. y comienzos de los 90s. surge en Colombia la primera experiencia de comunicación ciudadana desde una perspectiva de comunicación y educación popular. Esta experiencia, liderada por la Fundación Habla/scribe de Cali, y con el apoyo de la CVC – PLADECICOP, UNICEF y la Universidad del Valle, impulsó una estrategia de intervención y movilización social que buscó resignificar a nivel local y regional el papel cultural, político y social de los habitantes afrocolombianos y comunidades indígenas de la costa pacífica. Esta iniciativa centró sus esfuerzos en impulsar procesos locales a través de la producción y circulación de materiales audio-impresos desde la diversidad de saberes y discursos de estas comunidades.

El valor fundamental de la experiencia parte por concebir una ciudadanía comunicativa desde lo étnico y cultural inédita en la historia Colombiana. Como resultado de estos esfuerzos se consolidaron redes zonales y colectivos de comunicación local quienes se apropiaron de conocimientos y recursos técnicos para la producción radial e impresa con los cuales dinamizaron propuestas educativas, culturales y sociales orientadas a la participación, el reconocimiento y la representación de estas comunidades olvidadas y excluidas de la historia nacional.

El presente escrito describe los puntos más relevantes de esta experiencia cuya fortaleza estuvo en la concepción integral de estrategia comunicativa desde la cual operó. En este orden de ideas se trata de dar respuesta a los interrogantes acerca de: ¿Cuál fue la significación de los proyectos Gente Entintada y Red de emisoras comunitarias del Pacífico Colombiano, la relevancia de las acciones de intervención en la perspectiva de la estrategia de comunicación como proceso de movilización social y cultural?, ¿Qué tipo de relaciones se promovieron y la intencionalidad política del proyecto?, y ¿Cuál fue la pertinencia, alcances, limitaciones e impacto de estos proyectos?

1. Antecedentes y contexto sociopolítico.

Al parecer la experiencia de Radio Sutatenza en Colombia ha marcado un hito irrepetible en la historia de los procesos de comunicación alternativa en Colombia. Desde que Monseñor José Joaquín Salcedo en 1947, decidiera impulsar la primera radio popular y educativa, no se volvió a escuchar de otra experiencia similar, los medios masivos optaron por los nacientes modelos comerciales en su producción y programación, mientras en otras latitudes del continente organizaciones obreras, campesinas y de mujeres impulsaban iniciativas de comunicación alternativa y popular en un ambiente de luchas por reivindicar el derecho a la palabra y a la libre expresión. Sin embargo, pasados largos años en el país hasta que otras propuestas de acción social –desde la pedagogía y la comunicación– emergieron desde la educación y la comunicación popular, muchas de ellas lideradas desde el ámbito académico y las organizaciones sociales, este es el caso de la experiencia de Gente entintada y Radios Comunitaria del Pacífico Colombiano.

La década de los 80s. en Colombia estuvo acompañada de significativos cambios sociales y políticos, por un lado el surgimiento de la producción y tráfico de la marihuana y la conformación de los primeros carteles de la droga (1) , y por otro, la emergencia y consolidación de grupos guerrilleros como: FARC – Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, ELN – Ejercito de Liberación Nacional, EPL – Ejercito Popular de Liberación y el M-19 Movimiento 19 de abril (2) . En estas condiciones también son notables los cambios políticos en la modernización del Estado que se iniciaron en 1986 con el proceso de descentralización administrativa y la elección popular de alcaldes, la proliferación de iniciativas ciudadanas a cargo de movimientos sociales, y en 1991 se concluye con una nueva constitución política en Colombia, y por consiguiente un nuevo proyecto de país. La segunda parte de esta década estuvo marcada por acciones de violencia política (3) que polarizó las posiciones entre grupos de fuerza, activó el conflicto interno e inmovilizó el papel de sociedad civil.

En este proceso constituyente la participación de las minorías étnicas –indígenas y afrocolombianas- y los posteriores logros en el marco normativo constitucional se debieron, en buena parte, a las acciones orientadas por los colectivos locales y regionales de comunicación de Gente Entintada y Radios Comunitarias. Pese a las presiones de sectores políticos tradicionales y a las dificultades organizativas, por primera vez en el país los habitantes de comunidades negras e indígenas eran reconocidos como ciudadanos con derechos y garantías.

Por otro lado, a comienzos de la década de los 80s., buena parte de las escuelas y facultades de comunicación social en Colombia se dedicaban a la formación de periodistas como respuesta a la reciente aparición de los medios masivos en el escenario nacional. No obstante, los fundamentos teóricos y políticos de un pensamiento de crítica social habían logrado incidir en las ciencias sociales, hecho que marcaba una nueva reflexión en el campo de la formación de comunicadores sociales y periodistas. En esta dinámica se inscribe la trayectoria del programa de Comunicación Social de la Universidad del Valle –ubicada al occidente colombiano-, cuyo enfoque académico estuvo marcado por los planteamientos teóricos del profesor Jesús Martín Barbero, inicialmente desde la comunicación popular, y posteriormente desde la relación comunicación - cultura. Otros autores que influyeron el enfoque del proyecto fueron Paulo Freire desde su pedagogía del oprimido, Mario Kaplum y José Ignacio López Vigil desde la radio popular y comunitaria, y Armand Mattelart con sus cuestionamientos en la dimensión política de la cultura de masas y los medios masivos.

Entre 1988 y 1992, los proyectos Gente Entintada y Red de Emisoras del Pacífico estuvieron auspiciados por el PLADEICOP (Plan de Desarrollo Integral para la Costa Pacífica Colombiana), la UNICEF, la Fundación InterAmericana (IAF) y la Universidad del Valle. No obstante estos dos proyectos mantuvieron su autonomía en la concepción política y filosófica lo que facilitó su operatividad y apropiación por parte de las organizaciones locales, y aunque dependían administrativamente del PLADEICOP, fue un equipo de profesores de la Universidad del Valle y de comunicadores -a través de la Fundación Habla/Scribe- quienes diseñaron e impulsaron esta experiencia. De esta matriz de intervención social, posteriormente, hicieron parte los proyectos de comunicación indígena en los pueblos guambianos y paeces liderados por la Fundación Colombia Nuestra con el apoyo de una organización campesinos franceses.

2. De la educación popular a la comunicación alternativa

El propósito central de Gente Entintada y Radios Comunitarias del Pacífico fue crear las condiciones conceptuales, organizativas, técnicas y humanas en las comunidades negras, indígenas y marginales de la costa Pacífica Colombiana, para que desde sus identidades culturales, y sus formas de pensar y actuar como pueblos, dinamizaran procesos locales, zonales y regionales de comunicación alternativa con el fin de construir un sistema de comunicación popular en el occidente colombiano. Este sistema se concebía como una iniciativa de circulación e intercambio de materiales y productos audio-impresos que, articulados a sus propuestas de desarrollo, fortalecerían la convivencia comunitaria, la participación democrática y los procesos culturales desde una perspectiva étnica y ciudadana.

Por los supuestos anteriores se consideraba que Gente Entintada y Red de Radios Comunitarias se constituyó en una alternativa de comunicación diferente a las ofertas de los medios masivos del país, y popular por el énfasis de generar procesos comunicativos desde los intereses y motivaciones de las comunidades negras e indígenas.

Inicialmente el proyecto Gente Entintada se asumió como una alternativa diferente de alfabetización y educación popular en la medida que cuestionaba los enfoques con los cuales se habían implementado estos programas desde el Ministerio de Educación Nacional sin tomar en cuenta las características culturales de sus pobladores. Contrario a lo anterior, desde Gente Entintada se consideraba que un proceso de educación debía partir de referentes culturales propios, así como de problemas y situaciones vivenciadas en el entorno inmediato de las comunidades negras e indígenas.

Por su parte desde la Red de Radios Comunitarias se buscaba que el medio sonoro resignificara el sentido de la oralidad y se valorara la riqueza cultural de expresiones como alabaos, arrullos, cantos, décimas, coplas y relatos de la memoria de estas comunidades.

Se tenían como hipótesis que el proceso de producción, circulación y consumo de productos y materiales de comunicación audio - impresos propiciaría nuevos hábitos y prácticas de comunicación e intercambio tanto al interior de las localidades como a nivel zonal y regional del pacífico colombiano con los cuales los habitantes de la región se reconocerían en ellos como elementos legítimos de una identidad cultural asentada por una historia, un territorio y unas características comunes que los diferenciaban de los pobladores del resto del país (el ser indígena, el ser negro).

La estrategia de comunicación del sistema de comunicación popular del occidente colombiano se fundamentó en cuatro conceptos que a manera de principios orientaron permanentemente su accionar:
La democratización de la comunicación, que era un precepto heredado del fracasado NOMIC y del reclamo por el derecho a la información en las agendas públicas a nivel nacional e internacional. En este sentido se entiende que parte de las desigualdades sociales son fruto de las desigualdades en la producción, circulación y acceso a la información entre países, ciudades, pueblos y comunidades. Y que dentro de la lógica capitalista el monopolio del mercado informativo ejerce un poder político mediante manipulación y control de los mensajes que se difunden a través de los medios masivos en los cuales no tienen cabida la voz y las acciones de los grupos subalternos, populares y marginales.

Lo cultural como lugar de comunicación, los mensajes que circulaban a través de los medios masivos nacionales en radio, televisión y prensa, no contemplaban ni en sus estéticas ni en sus discursos la diversidad cultural del país, por lo que las comunidades negras e indígenas del pacífico seguían como sujetos invisibles ante los ojos de la sociedad nacional y del mundo. Es así como objetos, sujetos, valores, actitudes y modos de vida que se transmitían en estos medios mostraban referentes de otros universos culturales ajenos al mundo de la vida de las comunidades del pacífico. Esta situación traía como consecuencia la subvaloración y el desarraigo de las identidades culturales en los habitantes del Pacífico en un proceso de transculturación donde lo propio era desplazado por lo ajeno, y en otros casos las tradiciones se consideraban como objetos “exóticos” de civilizaciones ancestrales que no tenían cabida en los tiempos actuales.

El acceso a la propiedad de los medios de comunicación, los medios de comunicación en Colombia han crecido de la mano de grandes empresas de propiedad de familias y grupos financieros pertenecientes a las clases altas, mientras los canales públicos se debilitan. En esta repartición las comunidades, los sectores populares y marginales son simplemente espectadores o consumidores pasivos de mensajes. En estas circunstancias las políticas sobre los contenidos de los mensajes quedan sujetas a los intereses de sus propietarios donde los receptores – consumidores no tienen ninguna incidencia.

La comunicación como mecanismo participación política, la capacidad de comunicar ha estado asignada a los periodistas, radialistas y comunicadores que tienen las competencias para hablar, escribir y expresarse a través de diferentes medios. Esta oportunidad ha sido negada a muchas comunidades por considerarles que no tiene capacidad para comunicar, y en tal sentido sus ideas y expresiones no son tomadas en cuenta en decisiones políticas que les afecte como ciudadanos.

Para responder a los retos de esta experiencia de comunicación la estrategia se estructuró en cuatro ejes de acción:

2.1. La nucleación de editores (5) .

Cuyo objetivo se centró en afianzar las organizaciones locales y zonales en los aspectos estructurales, legales, de planeación y autogestión. El crecimiento de las organizaciones zonales dependía en gran parte de la sus dirigentes y comités, muchos de ellos lograron autonomía con las figuras de fundaciones sin ánimo de lucro y el otorgamiento de personerías jurídicas lo que les permitió llevar a cabo transacciones, convenios y canalizar recursos con otras instituciones del orden local, regional e internacional. Aunque las relaciones interinstitucionales entre las fundaciones zonales y la regional no eran jerárquicas y verticales, si se conservó una actitud de relativa igualdad, respeto y apoyo mutuo.

2.2. La formación de comunicadores populares.

Tenía como fin organizar procesos y eventos de formación zonales y regionales de acuerdo con las necesidades del proceso en las diversas zonas del pacífico para crear las figuras de gestor (6) , animador cultural  (7) y prácticos de la comunicación (8) . Aunque las actividades de capacitación no hacían parte de un programa de educación formal –reconocido por el Ministerio de Educación Nacional– los participantes recibían una constancia de la Fundación Habla/Scribe. Las capacitaciones se centraron en temas como: diseño editorial, dibujo, grabado en linóleo, serigrafía, ilustración y composición gráfica, fotografía, escritura creativa, diagramación, lenguaje radial, géneros y formatos en radio, guionización, musicalización, locución y manejo técnicos de equipos. Este proceso, sumado a las demás actividades del proyecto, era coordinadas y ejecutadas por un Comunicador Social que permanecía en una zona por espacio de 12 a 24 meses hasta que entregaba la coordinación a un líder de la zona elegido de común acuerdo.

2.3. La producción y distribución editorial.

Cuya finalidad era, por un lado la elaboración de materiales de capacitación para los colectivos y núcleos vecinales –esta función la adelantaba el núcleo regional en interacción con los núcleos zonales–, y por otro lado la producción editorial de productos audio-impresos educativos e informativos –función prioritaria de los núcleos zonales donde se contaba con una infraestructura básica para ediciones impresas y sonoras (9) – por su parte los núcleos vecinales y barriales recurrían al núcleo zonal para realizar o participar en proyectos editoriales. Un mecanismo efectivo de publicación y distribución editorial y sostenibilidad social fue la creación de redes de suscriptores a los proyectos editoriales.

2.4. La sistematización y archivos.

El objetivo era conservar la memoria histórica del proceso en general y de los distintos proyectos, eventos y actividades que se llevaban a cabo tanto a nivel zonal como regional. Desde este componente se implementaron herramientas e instrumentos para el registro de archivos escritos, sonoros, audiovisuales y fotográficos que servían para alimentar la producción editorial y las publicaciones en todos los niveles. El diseño de formatos, fichas, álbumes y mobiliario posibilitó la organización en colecciones, libros y publicaciones en pequeños formatos.

Estas cuatro líneas se articulaban para cumplir la misión de democratizar la comunicación a través de dos momentos: el primero la conformación de colectivos vecinales, locales y zonales de comunicación, y el segundo la construcción de un sistema sostenible de información y comunicación regional.

Aunque el proyecto logró avanzar hasta el primer momento debido a recortes presupuestales de las instituciones nacionales, los colectivos locales y zonales lograron autonomía organizativa para gestionar sus proyectos con otras instancias. Las cuatro líneas de acción apuntaban a cuatro campos claves de incidencia para el proceso de comunicación respectivamente: la organización, la formación, la producción y la memoria.

La estructura operativa se concibió en tres niveles: Un núcleo regional, que funcionaba en la ciudad de Cali con un equipo de 12 comunicadores sociales y quienes canalizaban los recursos y propuestas de las zonas y servían de interlocutores con las instituciones del orden nacional e internacional. Siete núcleos zonales ubicados en Bahía Solano, El valle e Istmina en el departamento del Chocó; Buenaventura en el Departamento del Valle del Cauca; Guapi en el Departamento del Cauca; y Tumaco y Barbacoas en el departamento de Nariño. Y dentro de cada núcleo zonal se conformaban los núcleos vecinales, veredales o barriales.

3. Alcances de la experiencia.

Entre los logros más significativos de esta experiencia se destacan la consolidación de siete colectivos zonales de comunicación alternativa y popular en la región pacífica, quienes logran autonomía organizativa y generan, posteriormente, sus propios proyectos e iniciativas a nivel local y zonal (10).
Tal vez gracias a la lejanía que se mantuvo con las instituciones del gobierno central –y en especial con sus viejos vicios politiqueros y clientelistas–, se logró una relación entre docentes, estudiantes, profesionales de la comunicación –y de las ciencias sociales y humanas– y comunidades del pacífico que hizo realidad la más ambiciosa estrategia de comunicación que se haya llevado a cado en Colombia. Sus virtudes no dependieron tanto de las altas inversiones y el manejo de onerosos presupuestos como de la claridad conceptual, el compromiso humano de sus gestores y la orientación sistemática de la estrategia y sus actividades.

Como resultado del proceso formativo  queda un equipo humano capacitado (11) como comunicadores populares en el enfoque conceptual y el manejo técnico de medios de comunicación radial e impresa. Así mismo en cada colectivo zonal quedó un conjunto de materiales de apoyo y productos audio-impresos elaborados por estudiantes, madres comunitarias, artistas, líderes y habitantes de las zonas ribereñas y de manglar. En este mismo orden cada colectivo zonal fue dotado con una infraestructura básica para la producción editorial y sonora que posteriormente fueron actualizando con equipos digitales, computadores, etc. Pues si bien el proyecto nunca contempló el interés por tecnología de punta, si buscó siempre el uso racional y eficiente de todos los recursos y equipos.

Sin embargo, considero que dos aspectos fueron los que afectaron considerablemente el paso a una segunda fase –consolidación del sistema de comunicación popular del occidente colombiano– la falta de una línea de acción que estuviese orientada el fortalecimiento institucional de la fundación Habla/Scribe como instancia operadora y gestora de la estrategia de comunicación. Pues contrariamente la mayoría de recursos se canalizaron a fortalecer las nuevas organizaciones del nivel zonal y local. El otro aspecto negativo fue la ausencia de una política pública de comunicación que reconociera y garantizara la creación de medios alternativos y procesos de comunicación, pues solo tres años después que se termina el proyecto (12) aparece la primera base legal que dio vida a las emisoras comunitarias. Pero más allá del acto normativo, lo que hizo falta en la experiencia fue profundizar y afirmar la dimensión política de estos procesos de comunicación alternativa y popular, más allá de la experiencia misma.

Notas:

(1) Con la emergencia de los carteles de la droga aparece una tercera fuerza –económica y armada– que entra en juego en la reactivación de la violencia generalizada en el país.

(2)   En principio, la mayoría de estos grupos armados, se crearon bajo ideales políticos de inspiración marxista asumiendo una actitud de resistencia al orden establecido y en oposición al gobierno bipartidista –entre liberales y conservadores– que por más de un siglo han mantenido la hegemonía en Colombia.[4] Como protagonistas de esta experiencia se destacan a los profesores Alvaro Pedrosa, María Teresa Finji, Gustavo De Roux y María Victoria Polanco; y los comunicadores sociales: Jaime Ariza, Alberto Valdés, Alberto Gaona, Aurora Sabogal, Jaime Rivas, Enrique Rodríguez, Fernando Sánchez, Fernando Ramírez, Giezzi Lasso, Anabel Correa y Omar G. Martínez.

[3] El asesinato del Ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla, el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán Sarmiento, y el exterminio sistemático de los integrantes del naciente partido político de izquierda Unión Patriótica

 [5] La figura del editor era la de un actor local que desde los temas, problemas y características de su entorno cultural lograba articular los conocimientos conceptuales y técnicos de la producción sonora e impresa en un producto comunicativo de pequeña escala –en su formato y tiraje, más no en su calidad estética o de contenidos–, y se vinculaba a un trabajo colectivo de reflexión y acción.

Comunicador Social – Periodista de la Universidad del Valle - Colombia, Docente – investigador del programa de Comunicación Social de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia – UNAD de Pasto - Nariño, especialista en pedagogía para el desarrollo del aprendizaje autónomo, especialista en multimedia educativa y candidato a magister en estudios de la cultura. Entre sus publicaciones se cuentan el libro Voces Sobernas, en el cual presenta los resultados de un trabajo investigativo sobre periodismo cívico. Ha realizado trabajos investigativos sobre cultura y carnaval, comunicación y salud. Experiencia en proyectos de intervención social en estrategias de comunicación con comunidades negras, indígenas, campesinas y urbanas del occidente colombiano.

[6] El gestor cultural era quien lograba conocimientos en planeación, administración y operacionalización de actividades y proyectos de comunicación popular y alternativa.

[7] El animador cultural tenía la misión de motivar, convocar e impulsar el trabajo de los colectivos y grupos de producción y distribución, así como apoyar todas las actividades de la organización para garantizar el cumplimiento de los principios y objetivos trazados.

 [8] Los prácticos de la comunicación eran las personas que habiendo logrado el desarrollo de destrezas y habilidades técnicas en un oficio de la comunicación (técnico de sonido, impresor, distribuidor, reportero, guionista, planificador, etc.), se desempeñaban apoyando la realización de proyectos editoriales.

[9] Cada núcleo zonal fue dotado con una imprenta tarjetera manual de tipo móvil, tintas y papel; como también de una cabina de radio con sus equipos, cassettes, pilas y otros insumos de oficina. 

[10]El avance más significativo de este trabajo en torno a la idea de del sistema de comunicación lo constituye la reciente creación de los Comités Subregionales de Comunicación Popular, creados con el auspicio del proyecto Biopacífico, mediante el proyecto Comunicación para la conservación de la biodiversidad, abanderado por Habla/Scribe.” Tomado de Enrique Rodríguez y José Fernando Sánchez, Medios alternativos y procesos de participación, Facultad de ciencias sociales y humanas, UNAD, Ediciones hispanoamericanas, Bogotá D.C., 1995, p.212 

[11] Más de 100 personas entre gestores de comunicación, animadores culturales y prácticos de comunicación en las 7 zonas, muchos de ellos líderes locales que  estuvieron por mucho tiempo al frente de las nuevas fundaciones de comunicación.

[12] En el año 1992 se terminan los dos proyectos: Gente Entintada y Red de Emisoras Comunitarias, y en 1995 el gobierno nacional expiden los decretos 1444 y 1446 donde se reconocen legalmente la creación de emisoras comunitarias y de interés público en todo el país. 



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