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La Cultura del Encuentro: Un Compromiso por la Paz

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Bajo el nombre “cultura del encuentro” se esconde una profunda visión teológica y pastoral típica del Papa Francisco que muchos obispos, han tomado como leit-motiv de su ministerio. El significado del concepto “Cultura del Encuentro” requiere de una determinada hermenéutica para descubrir toda su hondura y todo su potencial, como ocurrió hace cincuenta años con la afirmación del beato Pablo VI de que “la Iglesia es diálogo”.

PAP34 COLOMBO (SRI LANKA), 13/01/2015.- El papa Francisco (i) da la mano al jeque musulmán M.F.M Fazil (d) durante un encuentro interreligioso que ha tenido lugar en el centro de congresos Bandaranaike en Colombo, Sri Lanka, hoy, martes 13 de enero de 2015. En el encuentro se dieron cita los representantes de las diferentes religiones que conviven en el país: budistas, hindúes, musulmanes y comunidades cristianas. El papa estará de visita en Sri Lanka y Filipinas hasta el próximo 19 de enero. EFE/ETTORE FERRARI

En un mundo globalizado, que cada vez nos acerca más pero que no nos hace más hermanos, sino al contrario frecuentemente se promueve la rivalidad y la confrontación, Su Santidad  invita a promover la cultura del encuentro y del compromiso por el bien común, que inicia con el respeto por la dignidad de la persona, que es la base de la convivencia humana y del desarrollo solidario de todos los pueblos.

Y hablar de cultura del encuentro, como básico identificativo cultural de la fe cristiana, no es sólo decir que en el diálogo entre la fe y la cultura de hoy hay que propiciar el encuentro, sino que la fe sólo se hace cultura si está es, en si misma, cultura del encuentro, cultura que abraza toda cultura, cultura que sirve al encuentro de todos los hombres y que busca el encuentro entre todas sus tradiciones y movimientos culturales y sociales.

Diálogo y encuentro, para la Iglesia, no son medios, son fines. Propiciar la cultura del encuentro significa establecer círculos concéntricos que van de la comunión eclesial (amplia, plural, no excluyente, lejos de sospechas y prejuicios), a la fraternidad universal, al engranaje social, en el que la Iglesia puede derramar el oleo de su unidad y de su caridad porque lo lleva en su propia identidad.

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