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La sociedad de riesgos por Jos Demon

La crisis financiera es un ejemplo de la repercusión que pueden obtener decisiones en un pequeño apartado del mundo, en este caso, la elite empresarial y financiera, para el planeta entero. Un reciente documento de Justicia y Paz subraya que “Los procesos de globalización cambiaron el tipo de composición de la tasación y contribuyeron a una depravada traslación de la tasación del capital a la tasación del trabajo. Esto quiere decir que se ha erosionado la detracción fiscal sobre las actividades empresariales más grandes y más móviles en el campo internacional que fácilmente pueden recurrir a los centros “offshore” (como la banca en Suiza y en las Islas Caimanes; JD) cuando se tasan en cambio mayormente los factores productivos menos “móviles” que difícilmente pueden escapar al gravamen fiscal, es decir, a los trabajadores y las pequeñas empresas.

La crisis financiera no se deja separar de las otras crisis que afectan a nuestro mundo. En los últimos años las grandes empresas alimenticias del mundo privilegiaron el cultivo en gran escala de productos como la soya y la caña para hidrocarburo para sustituir al petróleo, cuyo costo se despegó vertiginosamente. Por lo que a primera vista aparece como un sencillo e inocente cambio de estrategias de cultivo, se elevaron los precios de los alimentos básicos como arroz, harina, aceites, etcétera, un aumento que hizo crecer la cantidad de hambrientos de 848 a un billón de personas.

Estos sencillos ejemplos ya indican cuán interdependientes somos en los comienzos de este nuevo milenio. La pobreza, el agotamiento de los recursos naturales y de los recursos energéticos, el calentamiento global, la devastación de la naturaleza, la desaparición acelerada de los especies tanto de fauna como de flora, sobre todo en los países del Tercer Mundo, son características de lo que el científico social Ulrich Beck ya calificó como una nueva ‘sociedad de riesgos’.

La legislación nacional ya no es eficaz para controlar a empresas multinacionales y a las extensas redes internacionales de inversionistas y bancos que nos llevaron a la crisis alimentaria y financiera. Los estados necesitan de un profundo cambio en sus orientaciones si quieren responder a los grandes actores que determinan el bienestar de nuestro planeta.

Hasta el momento han avanzado muy poco con relación al tipo de legislación y control internacional que necesitamos. Los estados no estarán motivados si no existiera una sociedad civil, una fuerte opinión pública, a la vez nacional y mundial, que les exige actuar a nivel de los abusos internacionales. Para contrarrestar al poderoso imperio del lucro y del beneficio personal y sus esquemas se necesita una alianza de personas e instituciones de buena voluntad, a su vez sencillas como las palomas y astutas como las serpientes.

Ya existen iniciativas prometedoras de esta alianza internacional que se propone cuidar al hombre y al medio ambiente. El público crítico occidental y el público crítico mundial en general son cada vez más informadas y críticos de las conductas antiéticas de las empresas. Y las mismas empresas andan preocupadas de su reputación y renombre. Estos acontecimientos delinean por su parte los desafíos de nuestros comunicadores. Ya no podemos contentarnos con una comunicación latinoamericana. Nuestros comunicadores tendrán que estar en permanente contacto con otros comunicadores comprometidos en Norte América, Europa, Asia y África, para poder informar a nuestras poblaciones.

Los avances de la comunicación crítica en América Latina nos imponen otras obligaciones hacia las poblaciones pobres en Asia en África con las que compartamos un sinnúmero de problemas. Como indica el filósofo Jesús Conill, “que toda África no tiene una agencia de información propia, que toda la información se la hacen otros…ya sabemos qué pasa. … ¿Eso es libertad? ¿Eso es justicia del orden mediático?” Hasta ahí tiene que llegar la función pública de la ética de la comunicación propone Conill. Y hasta ahí tiene que llegar nuestra solidaridad.

* Cooperante holandés, coordinador de la Red de Teología y comunicación de OCLACC (ahora SIGNIS ALC)

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